26 dic. 2011

3x04 Dualidad de tradiciones


¡Cómo disfruto con que se sigan celebrando las tradiciones navideñas! A cuál peor... Son las pequeñas cosas las que consiguen reunirnos en torno a la candela, porque hay que ver a quién se le ocurrió poner Navidad en estas fechas, con lo a gusto que estaríamos en verano. ¿Cómo olvidarse de las fiestas? Las zambombadas llenan de alegría y alboroto las otrora mustias calles del pueblo. Las zambombas pasan de mano en mano y los vecinos las tocan acompañando así a las panderetas. No sólo es lo entrañable de cantar esas bellas canciones y villancicos de escritos en un idioma anterior a la domesticación del perro, sino que el turrón y el mazapán torna las voces en bellos instrumentos portadores de la vergüenza ajena, los dolores de cabeza y el alcoholismo necesario para olvidar tales alaridos. Las buenas acciones abundan, y es que gala tras gala benéfica se siguen recaudando importantes cantidades de dinero. Los futbolistas de primer nivel, quienes en otras fechan amenazan con huelgas o con irse a otras ligas si le suben el porcentaje del sueldo que va a parar a Hacienda, juegan partidos benéficos en favor de países desfavorecidos y causas tan nobles como el deporte que practican.
Siempre otros tiempos pasados fueron mejores, bueno, menos cuando no. ¿Quién ha quitado a Raphael del especial de RTVE? Podrían haber aprovechado este año que coincide con el 50 aniversario del primer especial de navidad de RTVE de Raphael, titulado “Especial de Navidad de Raphael en TVE Raphael, 50 años de éxitos”. Al menos nos queda Anne Igartiburu y José Mota amenizando la Nochevieja. Para darle emoción será... porque la verdadera tradición es gritar con la tele encendida para hacer ruido, sinónimo en muchas culturas de diversión. Los operarios de las obras ponen cara de disgusto únicamente para aparentar, pero con el martillo pilón se lo pasan estupendamente.
Aunque, sin lugar a dudas, la pérdida de la tradición del aguinaldo ha sido un duro golpe para los que nos gustaría seguir pidiendo casa por casa “la voluntad”. Y mucho más viviendo en Los Remedios, donde mi padre nos contaba a mí y a mis 6 hermanos que las propinas por aquella época no bajaban de las 50 ptas. Así lograría entrar en la casa de esos richachones y redistribuir la riqueza, ya que una vez intenté okupar mi propia habitación, pero cuando me volvía la personalidad ultraconservadora me rendía a las autoridades, dificultando severamente el proceso de colectivización de la propiedad.

José Mª Sánchez-Werssminer Pérez

2 comentarios:

  1. sta interesante esto, pro kreo k iría mjor a modo novela si tuviera un argumento bcit0os

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  2. No te digo que no, pero bastante me cuesta ya centrarme en un tema en textos tan cortos, como para escribir una novela. Además, esto me lleva un rato, para la novela no tendría tiempo.

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