29 dic. 2011

3x07 Tu doble cara me resulta familiar.


Como odio esas fantásticas reuniones familiares. Si algo de verdad es bonito es poder sentarte con tus tíos, primos, sobrinos y cuñados y echar una partida a las cartas, al bingo, al Trivial o a la ruleta rusa.
En las familias decentes, la tradición de reunirse para actos típicos como el bautizo de un recién nacido de nombre compuesto (e incluido en el santoral, por supuesto) o la regata anual de verano compitiendo con el Bribón (que ya nos ha robado algún título) suele ser siempre el momento que escogen los servicios de inteligencia para arrestar a los mayores narcos. También solemos ir a misa, que es el momento ideal en el que salir de la iglesia, con minúscula para hacer como la Iglesia y entrar en un buen Bar, con mayúscula, a beber, con b.
Aunque unas usen la botella de anís para tocar villancicos, o contraten a Julio Iglesias para amenizar las fiestas y cantar con él a coro, nunca nadie arruinará tan estrepitosamente tales típicas canciones incluso mucho antes de haberse dado al champán.
Sí es cierto que la familia no se elige, que a cada uno le toca una, y anda que íbamos a escoger a la nuestra si nos permitieran escoger, pero Dios inventó a la familia política como método para que no le eches la bronca a él si no te gusta tu familia postiza. Ah... haber escogido bien o haber pedido truco.
He escuchado por ahí que hay familias entran en estado de excepción cuando descubren el pastel de la herencia que dejó la abuela repostera. La postrera voluntad de la señora crea más revuelo que los estigmas que le salían en las manos y las marcas con el pentagrama que salieron en su mesita de noche. Y todo para lo que la pobre pudo dejar. En mi familia, gracias a que nuestros antepasados acumularon títulos suficientes como para repartir equitativamente y de forma más que suficiente a cada uno de los 8 descendientes de cada pareja, no existen tales disputas.
Aunque está claro que hay distintos tipos de familia, y que unas son más nobles y tradicionales que otras, las modernas tampoco serán muy diferentes de estas. Y si es así, adóptenme.

José Mª Sánchez-Werssminer Pérez

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